Un cándido fumón y un policía desalmado

Pero rótala pues, ctm.
Pero rótala pues, ctm.

Estás fumando marihuana en la plaza de tu barrio y se acerca un policía. No, lo más probable es que no ande solo, entonces digamos que son dos policías y un serenazgo (sí, siempre hay un serenazgo). Se acercan y te piden tus documentos, pero como andas cerca de casa no creíste que fuera necesario sacarlos. Les dices que lo dejaste en casa. Y cuando abres la boca, descubren que eres chileno y todo se va al carajo. Te ordenan levantar los brazos y comienzan a revisarte por todos lados. Estás tranquilo porque sabes que no tienes nada: ya te fumaste todo, te dices a ti mismo, pero igual dudas (no vaya a ser que justo me pillen una pavita abandonada). Quieres decirles que eres un usuario ocasional de marihuana. Que no estás causando problemas. Que tienes menos de 8 gramos previstos por el artículo 299 del código penal. Que no pueden llevarte a la comisaría. Pero no te salen las palabras, estás demasiado stone y solo quieres irte a casa. La Policía no, la Policía quiere joder. Tú no les dices nada. Sabes que la clave está en aguantar un poco más sin decir nada. En el interior de tu cabeza piensas que hay dos posibilidades: que se devuelvan por donde vinieron o que empiecen con insultos, golpes, amenazas o intento de coima. Hueles que esto va más por ese lado. Entonces no te aguantas y lo sueltas todo: “Señor, soy un usuario de marihuana ocasional que no está causando problemas. Tengo en mi posesión menos de 8 gramos previstos por el artículo 299 del Código Penal, por lo que no pueden llevarme a la comisaría”. Te quedan mirando, acaso preguntándose quién carajo te crees que eres. Entonces insistes: “Señor, voy a tener que llamar a mi abogado…”. Y tomas tu teléfono (agradeces a dios que saliste con tu celular sin datos) y comienzas a marcar como un idiota un número que no recuerdas. Cuando levantas la cabeza, los policías se están devolviendo a su vehículo. Antes de meterse adentro uno de ellos te grita que te vayas para la casa, que si te vuelven a pillar te cagan, chileno de mierda ¡paf! qué tal portazo, y desaparecen en la primera esquina. Entonces te quedas con el teléfono en la mano, mirando la pantalla. Y justo encuentras el número que andabas buscando (Línea Verde: 444-1496). Te vas para la casa pensando que esta vez tuviste suerte. Tratas de memorizar el número repitiéndolo varias veces. Te das cuenta que ya no estás volado. Te cagas en la policía, por la putamadre.

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