En el nombre del orgasmo

¡Miéntele! A veces es necesario. Dile que extrañaste su pene, que pensaste en él todos estos días. Dile que lo imaginabas dentro, que cerrabas los ojos y que estabas tan pero tan excitada que te movias, dile que también mojabas tus labios, que quebrabas tu espalda y que gemias. ¡Miéntele! A veces es bonito: le puedes decir que su pene es tu favorito, que no existe otro en tu mente y que, pruebes los que pruebes, ninguno es NUNCA suficiente. Cuéntale sobre cómo metías tus dedos y cómo los movias. ¡Por dios, miéntele! Para él también será divertido: siéntate sobre él, agárrale la cara, oblígalo a mirarte y di su nombre mientras lo haces. Sonríe un poco y mientras mueves tus caderas despacio y en círculos da un grito como si te fueras a desmayar.  ¡Vente! ¡Concéntrate! De hecho que puedes. Además, sabes qué es lo que quieres y no debes dejarlo pasar.

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Si tienes suerte llegara contigo. Si no, no pasa nada. Esperan un poco y vuelven a empezar.

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