No estás loca, eres cíclica

Se ha encerrado en el baño hace ya veinte minutos y no quiere salir. Su jefe la está buscando. Sus compañeras le escriben mensajes al celular. Ella no contesta, no hoy. Hoy siente que los odia. En la entrada un tipo la miró mal (al menos, eso le pareció) y por eso le cerró la puerta del ascensor en la cara. Carla, la de ventas, la ha invitado a almorzar a un nuevo sitio de ensaladas que ha abierto a pocas cuadras. Seguro cree que estoy gorda, piensa. Ella también cree que está gorda cuando por fin sale del baño y se mira al espejo. Llora y en ese momento entra la señora de la limpieza. “Tranquila”, le dice, “estás con la regla no?”

KHA. (Giphy)
KHA. (Giphy)

¿Qué mujer no ha escuchado eso? Desde mucho antes de que nuestros cuerpos experimenten lo que es (o si quiera concibamos lo que significa) porque lo dicen desde que somos niñas: “seguro que está en sus días”. Existe la terrible costumbre —tan arraigada— de culpar a los ovarios por todo cambio de actitud / mal humor / llanto espontáneo / mandada a la mierda / que experimenta repentinamente una fémina compañera.

Si los hombres usan las expresión, nosotras las mujeres mucho más. Quizás porque, en efecto, somos conscientes de que sí existe una relación (totalmente directa) entre nuestros estados de ánimo y nuestra forma de ver, aceptar e interactuar con el mundo cada día según la cercanía de nuestro ciclo menstrual. Pero no somos conscientes, precisamente, de esa palabra que es tan importante para abarcar y comprender cada pequeño cambio que experimentamos: el ciclo.

La menstruación, y la forma como nos afectan los cambios hormonales que esta produce, no se limitan a los seis (a veces cuatro o cinco si tienes suerte) días que afrontas el flujo sanguíneo. Las mujeres estamos definidas por nuestros ciclos.

Esta gran revelación llegó a mi después de conocer sobre la existencia de Erika Irusta, pedagoga menstrual y miembro de la Society for Menstrual Cycle Research, en Estados Unidos. Un titular apareció precisamente en uno de “mis” días en los que antes de la hora del almuerzo ya había discutido con media oficina, no había ser sobre la tierra que pudiera caerme bien  y empezaba a creer que mejor hubiera sido no levantarme ese día de mi cama. Apareció ahí, en el momento preciso, como una señal del más allá: “No estás loca, eres cíclica”.

No soy médica ni mucho menos. De hecho lo único que sé de medicina lo saque de mi adicción a Grey’s Anatomy que de mis clases de biología. Pero soy mujer y, como mujer, siento y soy consciente de cada una de mis fases. La premenstrual es la que me agarra más fuerte, como una ola inesperada que te revuelca sin chance alguna. De pronto despierto y todo lo que hasta hace algunas horas andaba bien, está de cabeza. Empiezan los nada y los nadie: nada me gusta, nada me queda, nada me parece suficiente; nadie me entiende, a nadie le importa, a nadie soporto.

(Giphy)
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Como explica Erika, la fase premenstrual puede resumirse en una palabra: LUCIDEZ.

¿Lucidez? ¿Quién en su sano juicio podría creer que una mujer que parece alterada y hasta algo histérica podría estar siendo guiada por la lucidez? Pues sí, resulta que en esta fase ves todo a tu alrededor tal cual es, con claridad máxima. Por eso eres plenamente consciente de lo que duele y de lo que rechazas. De pronto el día parece algo más gris de lo que en realidad es y se debe a la alteración de niveles de progesterona (la hormona de la tristeza, esa que te hace decidir que repentinamente solo quieres escuchar la lista de Spotify que guardas para ocasiones especiales bajo el nombre de ‘cortavenas’ y te pones a pensar melancólicamente en ese ex del que probablemente hace mucho tiempo que ni te acordabas).

Después viene la que es oficialmente la primera fase del ciclo: la fase menstrual, visual y físicamente complicada para muchas. En esta fase la superficie del endometrio se rompe y se convierte en fluido sanguíneo. Empiezan los días de “voy a caminar y me avisas si estoy manchada, pero hazlo disimuladamente”. Cólicos, los dolores naturales que se suman a la incomodidad de los días y que terminan por sumarse como el fin del mundo.

Todo esto por la baja de nuestros niveles de estrógeno. A falta de la hormona ‘energética’, experimentamos cansancio, debilidad. Es normal que no tengas ganas de nada.

Luego empieza la segunda fase, la preovulatoria. El momento de gloria. La menstruación ha terminado y tu no podrías estar más  feliz de no tener que volver a verla hasta por lo menos en un par de semanitas. Estamos a tope de estrógeno, inundadas. Queremos correr, saltar y ser felices de nuevo. Nuevamente eres tú y puedes contra todos. Tu cuerpo se está deshinchando y tú se lo agradeces. Serotonina en abundancia y una inexplicable sensación de que, nuevamente, el mundo te sonríe.

A esta le sigue la fase ovulatoria, nuevamente desniveles y cambios en las hormonas de estrógeno y progesterona. No, no eres bipolar. Tus niveles aumentan y decrecen, experimentas cambios de humor, ansiedad y —en algunas mujeres— un aumento de la libido. Nuestro momento más sensual y sexual del ciclo. Te sientes más guapa, segura de ti misma. Si nos hiciéramos conscientes de esto, quizás lo aprovecharíamos mucho más.

Pero tanta dicha solo puede preceder la etapa que ya mencioné, probablemente la más complicada del ciclo, y es que no por nada la han llamado el síndrome pre menstrual. De hecho, puede llegar a ser bastante aterrador por creer que es algún tipo de enfermedad o anomalía, cuando en realidad es solo el fin del ciclo menstrual en el que los niveles de estrógeno han decaído y con ellos tu vitalidad y ganas de comerte el mundo.

La progesterona nuevamente ha hecho de ti un blues y la lucidez te hace sensible a todo a tu alrededor. El ciclo ha terminado y deberá comenzar nuevamente.

(TacoCat)
(TacoCat)

No es un mito, una excusa, un cuento chino, una leyenda maya. Los cambios de humor, el cansancio, la sensibilidad, la irritabilidad son REALES durante el ciclo menstrual y su explicación es química. Ojo, no pretendo un estatuto de liberación femenina justificado en nuestras hormonas, pero quizás si nosotras mismas fuéramos más conscientes de cada fase que nuestro cuerpo experimenta durante esos 28 días, dejaríamos de sentirnos sometidas por la menstruación y empezaríamos a hacerla más llevadera asumiéndola como parte de nuestra naturaleza, de nuestro cuerpo y del ser mujer (con todos los altos y bajos que esto implique).

No vamos a cambiar nuestras vidas en función del ciclo. No se trata de parar el mundo cada vez que una etapa complicada va a comenzar. Es cuestión de entender nuestro cuerpo y facilitar nuestra propia vida y , porqué no, de los que nos rodean. Recuérdalo cada vez que no puedes comprender por qué no te sientes como tú misma.

No estás loca, eres cíclica y en este momento, tu cuerpo atraviesa alguna de sus tantas fases, asúmela.

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