Yo nunca me siento bonita

Yo no me siento bonita nunca a decir verdad, o casi nunca me ha pasado. Tal vez me he sentido bien con mi físico, durante una tarde o una noche, pero el resto del tiempo me sé fea.

No me siento fea, no me creo fea, me sé fea.

Es un hecho inamovible que todos los días tengo que manejar porque es duro saberse fea. Y claro, frente a las personas es importante pretender que te sientes bien con tu cuerpo, y con esas estrías, la panza, las tetas caídas, las cartucheras que van creciendo, los pies chuecos, la papada y ese párpado más grande que el otro que te dice que no eres bonita y que nunca lo serás.
Pero también aprendes mucho cuando te apropias de tu fealdad y deja de importarte. Sentir que eres fea, que no te molesta ser fea, que estás perfectamente bien así, es empoderante porque ya nunca más nadie podrá insultarte con eso. Deja de ser un arma para los demás y se convierte en un escudo para ti. Soy fea, ¿y qué? Que soy gorda, ¿y qué? ¿Me estás describiendo? Me he dicho cosas peores yo misma, que soy la persona que más amo, y sobreviví.
Así que encontré esto, que deberían leer, donde conversan justamente sobre la fealdad, el amor propio y todo lo que pasa por nuestra mente en el proceso, y encuentro muchísimas cosas hermosas.

Gabriela Wiener, gracias por esto. (Léanlo)

Foto: Flickr/elrentaplats

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