Dos señoras conversan (en una farmacia de Lince)

Tamadre, ya me estaba olvidando de los condones. Pensé en volver a entrar a la farmacia, pero iba a parecer que me había acobardado de pedirlos en primer lugar. Lo mejor era buscar otra, igual hay una en cada cuadra. De hecho, solo crucé la calle.

En esta nueva farmacia solo había dos mujeres: una detrás del mostrador, mayor, ¿quizás cincuenta y algo años?, y la otra acercándose a ella para preguntarle si “tiene Magnesol”.

Tengo este otro, le dice apuntando a una caja rectangular mucho más grande que el cuadrado donde viene el producto del doctor Pérez Albela. ¿Cuál es ese?, reacciona desconfiada la mujer. “Es mejor”, insiste.

(En todo este rato yo he estado parado detrás de la ahora dudosa mujer, civilizadamente en cola para llegar a pedir condones, de esos de los normales, no, mejor ese medio rosado).

No señorita, yo quiero el otro. La mujer parece que realmente quiere ser convencida. Esta decisión no es fácil. Está a punto de entregar algo sagrado: su cosmovisión del consumo de magnesio.

Pero este es mejor, repite la vendedora. ¿Y cuánto está?, muerde el anzuelo. Veintiséis… a veinte llévatelo. Pucha, no sé, dice engatusada como el público objetivo de los comerciales de Julio Gagó. Ya mira, te lo preparo para que no desconfíes, tengo acá un poco de Cifrut y te invito. ¿Sí? Sí, claro mami, ahorita te invito.

Un vasito muy pequeño fue materializado conjuntamente con un Cifrut de debajo del mostrador. Saca un sobre, echa un poco, remueve bien y se lo extiende. La mujer, extasiada por haber recibido algo gratis, se estremece. La verdad que no sé, dice con tono de veredicto.

Al notar que estaba ante una paradoja, decidí buscar otra farmacia y cometí el error de entrar a esas que tienen estantes, las que siempre te hacen creer que quizás los condones estén ahí colgados al lado de los cepillos, los jabones, los tintes para pelo o los guantes de jebe. (Tiene hasta sección de plásticos, pero no tienen forros). Nunca están ahí, no los busques, porque sino quedas como el que está haciéndose el huevón para no pedir sus profilácticos.

Quizás necesito no pensarla tanto.

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