Electro dance, el baile más improbable de Lima

Sí, así es el baile. (Lima Urban)
Sí, así es el baile. (Lima Urban)

El electro dance llegó a Lima y no nos hemos enterado. Una decena de personas se juntan para bailarlo en nuestras calles pero no los vemos. Muchos torneos se han organizado pero no lo notamos. ¿Por qué un grupo de personas quiere pasar tanto tiempo bailando un ritmo que nadie quiere entender?

I

Es normal que cualquiera, la primera vez que se para frente a un grupo de personas bailando electro dance, empiece a buscar la cámara escondida porque, por supuesto, lo que está sucediendo es una broma.

Pero no lo es. De hecho, el electro dance es un fenómeno mundial. Muy pequeño, bastante específico y recontra sui generis, pero mundial de todos modos.

Jonathan, quien viste un polo negro bastante largo y unos pantalones muy pequeños, me explica que todo empezó en Francia, en los suburbios al sur de París, ahí donde todas las guías para residentes coinciden que no vale la pena vivir si lo que quieres es estar en el centro de la experiencia parisina.

Yo me enganché viendo videos en Internet, me cuenta, y así empezó todo para él. Hace siete años, sentado frente a una computadora en San Juan de Lurigancho, Jonathan descubrió que lo suyo era bailar un ritmo que pocas personas iban a querer comprender.

“Electro dance en Lima gracias al Dr. Castañeda”, dice la voz de un animador de chaleco amarillo por encima de nuestra conversación. “Lucho con la juventud”, lanza de nuevo, cada vez más insistente. A Jonathan le importa muy poco de verdad esa repentina y repetitiva propaganda política. No sé qué sería de mi vida si no hiciera electro dance, me dice.

Decenas de personas se han aglomerado en la plazuela Chabuca Granda, detrás de Palacio de Gobierno. Desde la vereda, uno de los tantos vendedores de DVDs está proyectando Full Metal Jacket. La tarde es gris, los toldos son amarillos. Los limeños caminan buscando algo para mirar, algo en qué gastar su atención. Después de todo, es sábado y donde no hay entretenimiento hay una olla friendo picarones.

II

Cuando Jonathan se puso en contacto con la Municipalidad Metropolitana de Lima (MML) para pedirles una ayudita con esto de la organización del torneo le dijeron que le darían todo lo que pedía y más: el Parque de la Exposición, los gastos de los jurados internacionales y cinco pasajes con destino al Vertifight, el campeonato mundial de electro dance que celebra su quinta edición en Francia.

Jonathan estaba feliz. Era la primera vez que el Perú podría mandar a cinco representantes para pelear por el título de manera oficial. Los organizadores ya habían dado luz verde para recibir al grupo de limeños que ganara aquí.

Pero todo cambió: pese al constante seguimiento que hizo de su gestión, tres días antes del gran evento la MML dijo que todo lo estaban moviendo al Campo de Marte. Un día después les dijeron que estarían en la plazuela, como parte de una actividad llamada Festijoven que albergaba otras ‘expresiones culturales de la juventud limeña’.

¿Tienes algún documento firmado?, le pregunto y mueve la cabeza de lado a lado. Lo suyo fue una conversación, un contrato de palabra que solo él recuerda ahora. Nadie le supo dar razón por todas las promesas que se hicieron y no se concretaron.

Algunos de los que han venido no se han enterado todavía de que ya no hay pasaje, me cuenta Jonathan. La frustración lo hace aceptar que la burocracia a la que se tuvo que enfrentar le jode.

De hecho desanima, me dice, pero finalmente lo que queremos es que otras personas puedan disfrutar lo que hacemos. Me explica que el baile tiene que ser siempre en un espacio abierto, en un lugar público, donde de un momento a otro se erige un escenario gracias a los curiosos.

Tiene sentido.

A unos metros de nosotros otra aglomeración ocurre: dos cómicos ambulantes discuten frente a su audiencia, uno de ellos simula ser pareja del otro, la gente ríe.

Aquí en el tabladillo el público es distinto. Los que son mayores asoman solo para marcharse al minuto. La gran mayoría ha venido a participar y alrededor de ellos se han formado círculos llenos de amigos, enamoradas y familiares.

Jonathan ha venido con su novia y su hijo, un niño que corre al frente para poder ver bien a los competidores que se enfrentan hoy.

III

Jonathan Bazán Amaro promueve el electro dance en el Perú desde el 2010. Tiene 22 años. El costado de su cabeza está rapado y el resto de sus pelos apuntan hacia arriba. Ese parece ser el look oficial de este evento. Habla con mucha seriedad y siempre está mirando a su alrededor porque nunca se queda quieto.

Da la impresión que tiene muchas ganas de salir corriendo de sí mismo, que es lo que hace cuando se dispone a bailar. Es probable que esto le ocurra porque el electro dance es frenético.

El concurso empieza cuando inmensos parlantes revientan en la calle, sin perdón alguno, lo que parece ser la interpretación electrónica del motor de un micro. Dos personas se paran una frente a la otra. Una botella de agua vacía gira en el suelo y selecciona al que empezará primero. Se siente la expectativa. El electro dance es callejero. Arma barullo. Se baila agitando los brazos. Pero agitándolos como dementes espantando una mosca grande o una paloma muy insistente.

De hecho la danza aquí se ejerce de manera predominante con los brazos. Por momentos una mano sigue geométricamente a la otra, un instante transcurre y ves un ocho formándose, luego una especie de contorsión, un estiramiento de muñeca, una ensalada de bofetadas siendo repartidas al aire y las extremidades vuelven a estar paralelas al cuerpo hasta que sea el momento de repetir lo mismo, pero diferente.

Los pies son un ancla, dan saltos breves pero solo sirven para marcar el ritmo y ayudar al movimiento de las caderas cuando se cambia de secuencias para encajar con los golpes en la música. Te permiten saber dónde estás parado y eso es lo que necesitas para saber qué hacer después.

Uno de los asistentes, que me ha visto quedar absorto ante los movimientos de los participantes, me explica que lo que la música está haciendo es construir la armonía y que es el cuerpo, a través de la fiebre en sus movimientos, el que escribe la melodía que debe ir encima para apreciar todo en conjunto. Como ese bocadillo que es salado y a la vez dulce.

https://www.youtube.com/watch?v=videoseries?list=PLR71TGTSYISrJdRDbOxaJBjzQZXzGslgu

Es como cuando aprendes a tocar piano, me precisa, porque te enseñan notas y acordes para que luego tu puedas escribir tus propias canciones. En el electro dance, todo se trata de componer y volver a romper para otra vez construir.

Cada vez más personas se apiñan, el torneo avanza.

Jonathan está sentado sobre una de las tres sillas blancas plásticas que la municipalidad les ha conseguido a los jurados. No hay mayor ceremonia ni resaltan por encima de los demás. Lo único especial sobre ellos es que no están parados.

Al parecer solo necesitan estar cómodos para observar. Mientras que la congestión de personas es obligada a retroceder un poco, ellos siguen el ritmo con la cabeza y de vez en cuando con los dedos.

Se anuncian los nombres de los competidores, el volumen de la música se eleva y empieza el enfrentamiento. Cada uno debe ejecutar una secuencia que aniquile al otro, que lo deje inmovilizado o que, en su defecto, le quite la inspiración para responder.

Y aquí no hay ningún tipo de violencia implícita, codificada o interna. Cuando uno de los bailarines ejecuta su secuencia el otro espera, admirando el esfuerzo del otro e incluso felicitándolo cuando la ejecución es realmente buena.

El primer concursante arranca dando saltos en diagonal hasta que sus brazos se animan a trazar el primer círculo por encima de su cabeza. La violencia del movimiento se apodera de él y empieza a deslizar sus brazos tan rápido que parece que todo fuera aleatorio, totalmente inventado, improvisado por un muchacho de 16 años que hace esto todos los días frente a un espejo en su casa.

Todos tienen esa edad. El mayor llega con las justas a los 25 años. Por eso es difícil, a primera vista, creer que esto lo bailan danzadores profesionales en competencias mundiales. Pero todo está en los detalles, en comprender que pasar tu codo por debajo del mentón con el brazo totalmente recostado sobre el pecho no es tan sencillo como podría sonar (o incluso verse).

Y cuando un movimiento se reconoce como un logro, el ambiente cambia. Como si el aire soplara en otra dirección, todos nos vemos obligados a participar del orgasmo colectivo que te hace gritar asombrado, con genuina sorpresa, ante algo que no esperabas ver. Que es lo que ocurre cuando uno de los participantes suelta un quiebre de caderas que cualquiera reconoce en los ritmos negros del Perú. Todos estallamos, nos hacemos uno en una voz.

Con tantos estímulos alrededor, uno se deja llevar como si estuviera en el centro de la tormenta, sabiendo que cuando esto acabe nada será lo mismo, que nunca más este estruendo perderá sentido, que el baile provoca ser imitado hasta que la audiencia mueva la mano de abajo hacia arriba, felicitándote. Llega un momento en el que quisieras estar tú ahí arriba, moviendo los brazos como una máquina fuera de control, libre de toda atadura, libre de todo a tu alrededor.

V

Mientras camino hacia la avenida Tacna la música se va quedando atrás, la adrenalina disminuye mientras llego al paradero. Una vez más Lima se oculta detrás del tráfico, los gritos y la humedad. Mi cuerpo se sigue agitando por dentro pero el pulso cardiaco ya disminuye. No sé en qué momento entendí de qué se trataba todo esto, pero lo hice.

Recuerdo que Jonathan vive de esto, pero no en un sentido literal.

En realidad tiene un negocio de reparación de celulares en un centro comercial de San Juan de Lurgancho. Con eso paga las cuentas, con eso saca adelante a su familia y con eso consigue el dinero para organizar estos eventos. Y son estos eventos los que lo mantienen con vida o que en todo caso le permiten vivir mejor. Mejor dicho, le permiten vivir con una sonrisa en la cara, feliz.

Lo entiendo: bailar bajo un ritmo agresivo es quizás la manera más real que tiene para sentir.

1 Comment

  1. Miguel Gonzales says

    ELECTRO DANCE ES EL FUTURO!
    BY: SHARINGAN

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