Desde que soy una feminazi

You go, girl (Giphy)
You go, girl (Giphy)

Desde que soy una feminazi las cosas han cambiado bastante. Me uní al club hace poco, pero los poderes comenzaron a llegar rápidamente. Rayos láser de mis ovarios salen disparados directamente hacia los penes de los machirulos, a quienes detecto gracias a mi visión ultrabiónica que percibe erecciones callejeras y a una app desarrollada por el Club Feminazi, que me manda su ubicación.

No tengo fluidos corporales de arcoiris (¡qué envidia tengo de los del lobby gay!), pero sí algo que algunxs desearían: Penes disecados en mi sala. Son como mi trofeo de guerra, los obtuve en las excursiones feminazis. Ahí somos groseras y no respondemos sus halagos y piropos, o, peor aún, no nos vemos atractivas para ellos, y simplemente caen muertos. Y aunque el taller de “Cómo agredir a un macho con sarcasmo en internet” aún no arranca, siento que tengo potencial para esto.

Todo es genial, pero los poderes tienen como consecuencia hacer menstruar permanentemente. Esa debe ser la explicación a que ande malhumorada todo el tiempo. Igual, vale la pena.

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