Cosas que leí estas dos semanas y me gustaron

Dicen que ella hace una distorsión, pero yo argumentaría lo opuesto: que es una mujer que inventa la fusión, que es posmoderna, que deconstruye y reconstruye identidades, y que en los setenta se convierte en el ícono de la comunidad gay de California, que hace fiestas en honor a ella, donde comen cuy. Hay un impacto en la manera en que el Perú es interpretado y reinterpretado miles de veces debido a ella, que entra en esta discusión bizantina de cuán auténtica puedes ser, como si las cantantes vernaculares ahora lo fueran: tampoco usan una ropa típica tradicional, sino que es una especie de occidentalización de lo andino, una reinterpretación del folclor. Ella lo hace antes. Y no se lo perdonan. Cuando el poeta Eielson se encuentra con Igor Stravinsky, el gran compositor ruso, este le dice: “¿Peruano como Yma Súmac?”, y le explica que le encanta la manera cómo ella proyecta al Perú, y Eielson le dice que ese no es el Perú. Es como si hubiera un canon que define lo que es y lo que no es el Perú, y ella no entraba en ese canon, negándole sus posibilidades de crear su propia imagen del Perú. Es una incapacidad de entender lo diverso y lo raro. Se dice que sus canciones son como un grito primario, que nos remiten al momento primario de la humanidad.

Yma Súmac: alistan biografía sobre la diva incomprendida, por Maribel de Paz (El Comercio)

 

Lo que pasa, y no me apena decirlo, es que soy un delincuente condenado en Estados Unidos; me deportaron dos veces, en el 2000 y en 2007. Mi familia todavía vive allá y amo el país —me dio todo lo que tengo— pero tengo prohibido ir allá de ahora en adelante.

De mexicano deportado a chef célebre: la historia de Eduardo García, por Guy Trebay (New York Times)

 

En tres días, la fiebre saltó a 40 por la tarde y 39 por la mañana. Los médicos se sucedieron y, con ellos, las inyecciones, los análisis, los errores; Vallejo, como lo han demostrado los innumerables análisis, todos negativos, no necesitaba sino cambio de clima y reposo inmediatos, tranquilidad económica absoluta. No vacilo en afirmar que si la cuarta parte de la suma que fue entregada ciegamente a la clínica nos hubiera sido confiada, Vallejo no habría muerto.

Vallejo: ¡Cuán poco tiempo he vivido!, por Georgette Vallejo (Caretas)

 

“Un parentesco semicircular hermana manifestaciones humanas aparentemente antagónicas, como deberían serlo la estupidez y la inteligencia. Esta consanguineidad oblicua se manifiesta silvestre en momentos mágicos, que son tales en la medida en que sus protagonistas ignoran el prodigio del que son motor y motivo, intoxicados de una alquimia propia que hace del zonzo un genio, y viceversa.

Ser testigo de un evento así es comparable a presenciar el florecimiento de una puya Raimondi, momento para el que se dice hay que esperar cien años. El Congreso de la República, felizmente, es más pródigo y generoso”.

¿Usted nació idiota?, por Jaime Bedoya (El Dominical, El Comercio)

 

Lamentablemente, políticos, lideres religiosos y otros enturbian el debate científico y se niegan a reconocer las diferencias y los derechos de seres humanos intersexo, transgénero o con orientación sexual diferente. Así como ahora cuesta entender que alguna vez se dudó que el sol es el centro del sistema solar, algún día nuestros descendientes se estremecerán al saber que sus ancestros discutían la biología de la sexualidad humana. Sabiendo que la probabilidad de aceptar a una persona diferente depende del trato, ¿Ha tratado alguna vez de cerca a una persona transgénero u homosexual? ¿Cuál fue su impresión, negativa, positiva o neutral?

El ABC de la sexualidad humana, por Elmer Huerta (El Comercio)

 

El cine pronto requirió su talento: en 1977 le encargaron realizar un nuevo póster para el reestreno de la película Barbarella, original de 1968, y ese exitoso trabajo le llevó a numerosas colaboraciones más. Incluso la entonces reciente saga de Star Wars, en plena fiebre de su expansión popular, buscaría su cotizado pincel para una serie especial de ilustraciones basadas en el universo de George Lucas que se divulgó como material promocional a través de la multinacional Coca Cola.

El otro Vallejo, por Hernán Migoya (Perú21)

 

Jefferson no quiere ser futbolista. Tampoco médico, bombero ni astronauta. Su sueño es convertirse en ingeniero, de cualquier especialidad, pero ingeniero. Como aquel señor que, hace un par de semanas, lo deslumbró con una propina de S/20. “Yo solo le ofrecí mis chocolates cuando detuvo el carro. Ahora sé que solo un ingeniero puede regalarte tanta plata”, dice.

Entre la calle y el aula: el problema del trabajo infantil, por Fernando Alayo Orbegozo (El Comercio)

 

Los periodistas hemos caído en un descrédito casi total, mitad por acumulación de errores propios (faltas, muchas de ellas bochornosas, que fueron premiadas con contrataciones y programas estelares) y mitad porque varios dueños y directores de medios llevan años acostumbrados a poner la profesión en manos de individuos muy populares que no aman el periodismo, sino que lo utilizan para sus propios fines. Puedes no haberte formado como periodista y hacer gran periodismo. Lo que no puedes –habiendo pasado o no por una facultad de comunicaciones– es convertir el periodismo en ventilador diario de tus inquinas y rencores. No creo en el mentad “liderazgo de opinión”, pero si acaso existe, dudo mucho de que consista en atarantar oyentes, subestimar colegas y mandar censurar autoridades.

Sospechosos comunes, por Renato Cisneros (El Comercio)

 

Con Rafael Rey también me he mechado. Pero hay una cosa curiosa: creo que (Augusto) Thorndike se pelea más que yo, pero cuando yo me peleo se nota más. Pero también sé que tengo un estilo confrontacional, por decir lo menos, en determinados momentos.

Patricia del Río: “Los periodistas nunca deberíamos estar en la noticia”, por Maritza Espinoza.

 

Foto: Flickr / Lima Foto Libre

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