Al diablo lo inventaron en Gamarra

A pocos metros del parque Cánepa, en Gamarra, instalan un televisor, unos parlantes gigantes, y agrupan unas sillas. En la pantalla transmiten un programa en que sus panelistas —dos señores de terno y corbata, con voz firme y resuelta— analizan minuciosamente los pasajes de algunos dibujos animados y advierten a sus espectadores —una treintena de personas que están sentadas en sus sillas, sin contar las que se quedan de pie, escuchando— que lo que ven sus hijos en verdad tiene un significado oculto. La gente frunce el ceño, se acomoda el pantalón, se cruza de brazos.

Por ejemplo —explican—, Los Pitufos representan los 7 pecados capitales. Entre ellos, el pitufo vanidoso personifica a la homosexualidad, “lo que va en contra de las escrituras y de la naturaleza humana”, dice uno de los conductores. Gargamel es un monje “aunque no sabemos de qué religión es” —asegura—, y su gato se llama Azrael, “lo que es contrario a Israel, y significa la muerte”, afirma el conductor que lo acompaña. La gente asiente con la cabeza.

En los últimos capítulos de Los Picapiedras —prosiguen— aparece un marciano que se llama Gazú. A Gazú lo pueden ver solamente Pedro, Pablo y Dino, y para llamarlo hay que chasquear los dedos. “Es el diablo”, dice el segundo panelista, y luego advierte que la misma lógica se repite en Los Padrinos Mágicos: “El niño no debe decir que habla con ellos, porque sino el pacto se rompe, igual que con el diablo”. La gente se queda mirando la pantalla, anonadada.

Mi perro hace la caca en una esquina, y seguimos caminando.

El infierno en el Perú tiene nombre y se llama Gamarra
El infierno tiene nombre y se llama Gamarra. (Google Street View)

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